De la Ecología a la Ecología Social

Un análisis dialéctico de la realidad mundial

Por Antonio Miglianelli *

¿Quiénes contaminan? ¿De dónde provienen las mayores emisiones? ¿La ecología se remitirá solamente a analizar la interrelación de las especies con su hábitat? ¿Qué espacio podremos investigar si lo que está en juego aquí es la totalidad de la vida en el planeta? ¿La pobreza genera contaminación o los pobres son forzados a contaminar?

Hace casi 250 años Rousseau dio a entender que cuando la humanidad se alejó de su hábitat natural, se convirtió en un producto social. Marx y Engels estudiaron el surgimiento y evolución de las primitivas sociedades como un proceso, partiendo de la necesidad de protegerse y sobrevivir. A la vez el humano produce cultura y es producido por ella como ser social. Más allá de la discusión filosófica; que si el humano es naturaleza, todo lo proveniente de él también lo es, convengamos que este salto, gradual y no lineal, ha motivado una nueva adaptación al medio con consecuencias dispares.

Algunos lo considerarán avances cualitativos, otros evolución selectiva, y habrá – de hecho lo hay – quienes cataloguen a esta circunstancia, como un avance contradictorio en sí mismo. Freud, en “El malestar en la Cultura” (1), analiza la contradicción irresoluble entre la necesidad de satisfacer los instintos y la necesidad de la alianza fraterna, necesidad de unirse para la supervivencia del grupo humano.

De la mente humana, su interrelación dialéctica con el medio producto de una construcción social, surgieron los más increíbles descubrimientos científicos y desarrollos tecnológicos, pero al mismo tiempo, la humanidad, como especie única, no pudo detener hasta hoy el ascenso hacia la cúspide de su propia autodestrucción.

Pero para poder analizar esta situación, debemos contextualizarla dentro de un marco teórico y haciendo pequeños recortes de los procesos históricos. Basados en esto y admitiendo la teoría evolutiva, los criterios de selección se han visto atravesados por la influencia de los procesos sociales. La misma selección natural, los ciclos vitales, la concepción de tiempo y espacio, vienen soportando la presión directa e indirecta de la actividad humana, alterando la estructura biofísica que la naturaleza ha ido adaptando a lo largo del tiempo. Y no tenemos temor en afirmar que la selección artificial, patrimonio exclusivo de la conducta humana en el planeta, viene teniendo mayor gravitación que la selección natural.

En los últimos 200 años, con la aparición del capitalismo, el criterio de selectividad, ubicó a los dueños de los medios de producción, en la cúspide de la escala depredadora, a la que denominaremos supra-especie, que no solo se nutre de sus dominados: esto es, las tres cuartas partes de la población mundial, sino decide por su propia lógica de existencia, quienes sobreviven y quienes no. Cuando hacemos mención al término depredador lo asociamos ex profeso a una conducta perjudicial y destructiva, a diferencia del término predador, que lo ubicamos dentro de la relación evolutiva natural de algunas especies con las que son predadas.

Por ello, hablar de ecología obviando este contexto, es divorciarse del análisis dialéctico de la realidad y llevar este término al terreno de la ideología dominante. Nosotros sumamos la variable social a la palabra ecología y la profundizamos aún más, para concluir que toda ecología es social, esto es: el análisis dialéctico de los sistemas políticos, culturales, económicos y religiosos que afectan al planeta, puesto que la ciencia, aun cuando se pretenda -infantilmente- imprimirle un criterio de neutralidad, está en manos de quienes ostentan el poder, y esa administración, obedece al criterio de selectividad de la supra especie. La ciencia y la tecnología en el sistema capitalista están al servicio de la acumulación de capital y la máxima ganancia. En un sistema no capitalista, ambas podrían liberarse de esta atadura y desarrollar su potencial para beneficio de la humanidad, proteger la especie y su hábitat, producir al menor costo en términos de daño a los ecosistemas y empezar a superar la brecha entre lo natural y lo social.

En la naturaleza las cosas sencillamente son. No están atravesados por criterios ni juicios de valor ni de moral, elementos construidos socialmente como herramienta de sometimiento y dominación de la supra-especie hacia sus congéneres. Esto es fácilmente demostrable, pues siguiendo la teoría evolucionista y aceptando que la tierra tiene una edad aproximada de 4.500 millones de años, la naturaleza ha construido sus propios ciclos sin la presencia humana que surge recién en los últimos dos millones de años.

En la naturaleza todavía no se ha podido comprobar que los elefantes hagan meditación trascendental o que los monos asistan a misa los domingos. En igual sentido, la calificación monárquica del rey león, es otra maniobra de la clase dominante para profundizar el pensamiento mágico y dar como natural, la necesidad de un sistema jerárquico o de clases, donde se justifica así la presencia mesiánica de conductores y salvadores para la manada humana. La obra de Walt Disney, en este sentido, ha operado eficazmente a través de su obra en el pensamiento de los niños.

En la naturaleza no hay jerarquías sino necesidades que tienen que ver con lo instintivo y la perpetuación de las especies. No es sino a través del naturalismo dialéctico el modo de interpretarla. La vida transita por las delicadas hebras de una red, muchas veces invisible y sujeta a vínculos tan frágiles imposibles de analizar bajo las variables del tiempo humano. Expresiones como abeja “reina”, cobran una fuerte carga ideológica, dando así por sentada la división de clases dentro de la propia especie. En realidad, la organización interna, distribución de tareas, etc. queda a cargo de las abejas “obreras”, como en una verdadera democracia, a través de la comunicación por olores, siendo la única función de la reina y el zángano la reproducción.

Esta situación llevada al plano humano, y afianzada a través de generaciones por los sistemas educativos capitalistas, haría aparecer como natural esta división, cuando en realidad, las clases sociales, la división del trabajo, las fuerzas morales, la tradición y el pensamiento mágico reciclado en religiosidad, son una construcción social que culminan con el control ideológico de la población, violando aspectos fundamentales de los derechos humanos y promoviendo la explotación del hombre por el hombre, negando en consecuencia su a derecho la libertad.

El concepto de especie superior, líder, jefe, el más apto, son valoraciones humanas y giros idiomáticos que no se pueden aplicar al funcionamiento de la naturaleza. El uso del lenguaje utilizado por la clase dominante es una herramienta que no podemos soslayar. La supervivencia de las especies depende del hábitat donde se desarrollan y de la memoria genética. Suponiendo una lógica de razonamiento, si es que la hay, a la naturaleza solo le importa mantener las especies y no un ejemplar. Por consiguiente, la conformación fisiológica de plantas y animales están en permanente peritaje, pues de esta relación dialéctica, surgirán aquellos ejemplares que se consolidarán mediante la reproducción, o morirán para que otros vivan.

Avalando la hipótesis Gaia (2), la tierra es una unidad viviente en si misma donde se dan complejas interacciones que la sostienen. La unicidad de cada especie inmersa en la gran sopa de la diversidad, permite el flujo y reflujo de la energía constante. No es casual, y fundamentalmente en occidente, que la concepción judeo-cristiana antropocéntrica, eleve a los humanos al rango de especie superior, mirando a la naturaleza como depósito de recursos a ser utilizados, en lugar de un eslabón en la cadena de la vida.

Y esto no es azaroso. Nada dentro de las sociedades es casualidad. Siempre son procesos de acción y reacción, de lucha permanente que determina a la postre, dos únicos bandos: los dominados y los dominadores. En oriente la casta religiosa que instrumentó el sometimiento de las masas con la ilusión de un permanente reciclaje llamado reencarnación. En Occidente como bien dio a entender alguna vez León Rozistchner, la iglesia católica ha contribuido en regar y abonar el terreno donde el capitalismo sienta sus bases. Y es tan así, que no hay otra manera de explicar el proceso de expoliación y acumulación para la obtención de la máxima ganancia. Por ello, la cruz y la espada son elementos indispensables en el proceso de dominación. El paraíso terrenal para los ricos y el celestial para los pobres.

La contaminación: ¿Es política o ambiental?

En 1972 se realizó en Estocolmo, la primera Reunión Mundial sobre medio ambiente, la Conferencia sobre Medio Humano. Allí ya se advirtió que aún deteniendo las emisiones de monóxido de carbono por completo, el efecto no podría ser detenido en los próximos 100 años. La Organización Panamericana de Salud en 1989, con motivo del resurgimiento del cólera en Perú, diagnosticó que el 90 % de las enfermedades en América Latina son producidas por la pobreza, el hambre y la contaminación ambiental. En junio de 1992 se llevó a cabo la Cumbre de la Tierra, Eco Río en Brasil. Asistieron representantes oficiales de 179 países así como de organizaciones no gubernamentales y los resultados se dieron a conocer en todo el mundo por medio de la prensa.

“Ochocientos millones de hambrientos, 1 200 millones de personas en pobreza extrema, 854 millones de adultos analfabetos y 2.400 millones de personas sin saneamiento básico, son una prueba. Cuarenta millones de enfermos o contagiados por el virus del SIDA, dos millones de muertos por tuberculosis y un millón por malaria cada año, son otra prueba. Once millones de niños menores de 5 años morirán este año por causas evitables, lo que además de una prueba adicional, es un crimen”; expresó el 3 de septiembre de este año, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba en la cumbre mundial sobre desarrollo sostenible de Sudáfrica.

Ahora bien. ¿Quiénes contaminan? ¿De dónde provienen las mayores emisiones que lejos de disminuir, han aumentado un 9 por ciento, y en el país más contaminador un 18 por ciento? ¿La ecología se remitirá solamente a analizar la interrelación de las especies con su hábitat? ¿Qué espacio podremos investigar si lo que está en juego aquí es la totalidad de la vida en el planeta? ¿La pobreza genera contaminación o los pobres son forzados a contaminar?

Los propietarios de los medios de producción determinan, no solo, la distribución de la riqueza, sino los sistemas políticos que regulan, bajo la fachada de la legalidad emanada del Estado, la ideología del capital. El concepto de la propiedad privada no existe en la naturaleza. Es una construcción social que se inició con la aparición del Estado, la conformación de una estructura familiar patriarcal y el prisionero de guerra convertido en esclavo. La historia que viene ya la conocemos. O acaso la frase de Rousseau de 1754 no sigue teniendo vigencia, cuando señaló.. “El primero al que tras haber cercado un terreno se le ocurrió decir, esto es mío y encontró personas lo bastante simples para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡¡¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos, miserias, y horrores no habría ahorrado al género humano quien, arrancando las estacas o rellenando la zanja, hubiera gritado a sus semejantes: Guardaos de escuchar a este impostor, estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y que la tierra no es de nadie!!!

Algunos podrán decir que los pueblos originarios eran más ecológicos, como los Incas, con cultivos en terrazas o que en la antigüedad la contaminación no era tan grave como en los últimos doscientos años. Pero esta es una visión histórica muy subjetiva. La misma que el ambientalismo aborda sin cuestionar en nada la grieta profunda entre naturaleza y sociedad; una postura emanada de la jerarquía dominante, sentenciando la naturaleza a un rol pasivo y al humano – mediante una especie de ingeniería – sacando, insertando, reemplazando y hasta alterando los ciclos naturales; todo esto, amparado en la frase que a tantos les gusta utilizar como clisé: desarrollo sustentable.

En realidad no sería correcto aplicar el término contaminación en los albores de la humanidad, cuando ésta vivía de frente y no de espaldas a la naturaleza. Los pueblos nómades tiraban los desechos a lo largo de su recorrido, pero al igual que las manadas migrantes, no podemos decir que sus heces contaminaran el suelo. Por otra parte, estas comunidades, aprovechaban integralmente la naturaleza. Todavía no se había inventado la sentencia bíblica: “Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.” (Génesis 1.26). Su pensamiento mágico, se circunscribía básicamente a los fenómenos atmosféricos y a la misma tierra que les ofrecía sus frutos. Freud analiza con detenimiento esta situación en su libro Tótem y Tabú. (3)

Es con el desarrollo del valor de cambio en detrimento del valor de uso, cuando un nuevo modo de producción y acumulación, que tratando a la naturaleza como renta y no como un bien, comenzará a generar productos y residuos no degradables. Situación agravada con el surgimiento de la actividad hidrocarburífera, hoy por hoy, la principal fuente de emisión contaminante. Baste recordar que las descargas de dióxido de carbono están influyendo categóricamente en el calentamiento global del planeta. Los ambientalistas se preocupan solo por los vertidos tóxicos de una fábrica y son funcionales a los economicistas de la supra-especie. Estos, aparecen por los medios de difusión, afirmando que, por ejemplo, el PBI (Producto Bruto Interno), creció una determinada cantidad de puntos, dando a entender que ese incremento significa un salto cualitativo para el conjunto de la población. Que aumente los niveles de productividad en un país, no determina la equitativa distribución de la riqueza.

Denunciar únicamente el vertido de desechos, es no querer ir a la raíz del problema, es una pantalla del real conflicto en el proceso industrial-contamin ador. Para la Ecología Social, el análisis transita por otro andarivel, porque no es lo mismo desarrollo que calidad de vida. Los aspectos sociales, económicos, laborales, salud, educación, son las variables para determinar un correcto estudio de impacto ambiental y determinar, lo más aproximadamente posible, por donde pasa el verdadero progreso.

¿De quién es la fábrica? ¿Cuánto ganan los obreros? ¿En qué condiciones laborales y de salubridad están trabajando? ¿Qué tipo de industria y tecnología es? ¿Obsoleta o de punta? ¿Qué marco de protección legal la ampara? ¿Qué políticos están en el medio? ¿Qué beneficios otorga a la comunidad? El dinero, ¿se reinvierte al círculo productivo o sale fuera del municipio, la provincia o el país? ¿ Bajo qué normas de calidad se han producido los artículos, suponiendo que sea dentro del rubro alimenticio? ¿Las del Ministerio de Salud como en la Argentina, que autoriza una lista de aditivos prohibidos en muchos países por su acción cancerígena , mutagénica (1) o teratogénica? (2) ¿Es alimento adulterado como en el caso del polvo de ladrillo que lo usan como colorante en lugar de pimentón? ¿Se le agrega bentonita (mineral utilizado para sellar las perforaciones petroleras), para que se infle como algunos alimentos balanceados para perros y gatos? Y si de bebidas analcohólicas hablamos, (mal llamadas jugos), donde el 95 % del producido en el país se endulza con ciclamato y sacarina para abaratar costos reemplazando al azúcar, es decir: producto dietético que ingieren los niños. ¿Se preguntaron cómo actúan estos químicos en un cuerpo en formación? ¿ Cómo se transportan los productos? ¿Cuánto se pierde en el proceso de almacenamiento, traslado y distribución de los alimentos? ¿Quién controla los transportes y sus emisiones de monóxido?

Habría mucho más para agregar a esta lista de preguntas. Obviamente que es ideológico y más cómodo, “escandalizarse” por los desechos tóxicos de una fábrica. Pero el círculo de la contaminación es infinitamente más amplio, donde las responsabilidades y complicidades políticas-empresaria les se amalgaman. Por esta razón observamos con espíritu crítico, y mantenemos distancia, con los aspectos cosmetológicos de personas o grupos, acomodados cada uno en su pequeño espacio de poder, haciendo creer que se están ocupando por un ambiente sano, cuando en realidad, lo estructural no se quiere modificar. Y para esto, la confrontación dialéctica con esa postura es un sencillo ejemplo por todos conocido: la matanza de focas bebés. En tanto haya una persona que quiera utilizar un tapado de piel, habrá una organización cazadora dispuesto a suministrarlo. Es que el tema ambiental, es un buen negocio para muchos. Así como los presos son necesarios para dar sentido a jueces, abogados, policías, servicio penitenciario. Los residuos, el reciclado, estudios de impacto, las consultoras, dejan pingues utilidades a sus actores. La Ecología Social no ingresa al negocio de la conservación del planeta.

La Argentina tiene 37 millones de habitantes. Una superficie de tierra donde una sola provincia albergaría a Italia. Suelo -en líneas generales- no demasiado contaminado. Mucha agua y energía. Riquezas naturales renovables y no renovables para envidia del mundo. Que l5 millones estén en la línea de pobreza, que haya entre un 18 y 40 % de desocupación y subocupación, que 55 niños se mueran diariamente por enfermedades producidas por la pobreza, que los viejos tengan una doble muerte: la cronológica y la social, que los jóvenes incurran en la droga y el alcohol por desesperanza y falta de amor. Que miles de mujeres mueran por abortos clandestinos y que la deserción escolar llegue al 50 %. ¿No les parece que son cosas muy pesadas para dejar de lado cuando algunos se autotitulen ecológicos porque despetrolaron un ave, o plantaron un cartel denunciando que tal empresa contamina? ¿Es factible salvar las ballenas colocando solamente una calcomanía en los autos o aportando una cuota a una institución ambientalista?

Defino Ecología Social, a una postura ética, estética, filosófica, política e ideológica de contemplar y obrar en el mundo con una dialéctica holista. El ambientalismo critica la contaminación ambiental, la tala de los bosques, la matanza de animales, etc., pero solo se remite a fragmentar la realidad, los efectos y no las causas problemáticas. La ecología biológica analiza únicamente la interacción en los ecosistemas. La Ecología Social, da una vuelta más de tuerca. Se introduce en los sistemas sociales que imperan en el planeta, y además de analizar los componentes ideológicos que lo regulan, formula propuestas concretas de cambio, donde la visión parcial del mundo es desechada, partiendo de la premisa que la vida en el planeta, no es una cuestión de jerarquías, sino de redes, donde un eslabón dañado, afecta a la globalidad.

En tal sentido no dudamos en afirmar que hablar de ecología a secas, sin la variable social, es el lenguaje de quienes viven de su renta. De tal modo, es tendencioso y falaz discutir sobre desarrollo sustentable, en tanto la brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado 74 veces con relación a los años 60. Más que hablar de ecología, debemos hablar de política. Y lo hacemos desde la denuncia, en el convencimiento que en el modo de producción y distribución capitalista, en el marco de sus propias contradicciones, no hay desarrollo sustentable ni esperanza de sobrevida para nadie.

A partir de los años ochenta empiezan a adquirir validez y vigencia los postulados de formas alternativas de desarrollo, que procuran superar las limitaciones de los modelos hasta entonces prevalecientes. Estas formas alternativas de desarrollo han ido adquiriendo diferentes nombres y acepciones, siendo una de las más citadas las de Desarrollo a Escala Humana (4) y la de Desarrollo Integral. El postulado básico del Desarrollo a Escala Humana es que el desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos.

Tomemos algunos pensamientos de Max Neef, autor bien intencionado pero idealista al fin, con el que no aceptar este postulado nos conduce a formularnos la siguiente pregunta fundamental: “¿cómo puede establecerse que un determinado proceso de desarrollo es mejor que otro?”. Dentro del paradigma tradicional, se tienen indicadores tales como el Producto Bruto de un país (PBI) o de una región, que es (caricaturizándolo un poco) un indicador del crecimiento cuantitativo de los objetos producidos en ese país o región. Necesitamos ahora un indicador del crecimiento cualitativo de las personas. ¿Cuál podría ser?

Contestamos a la pregunta en los siguientes términos: “el mejor proceso de desarrollo será aquel que permita elevar más la calidad de vida de las personas”. De inmediato se desprende la pregunta siguiente: “¿qué determina la calidad de vida de las personas?”. La calidad de vida dependerá de las posibilidades que tengan las personas de satisfacer adecuadamente sus necesidades humanas fundamentales. Surge entonces la tercera pregunta: “¿cuáles son esas necesidades fundamentales, y quién decide cuáles son?”.

“Se ha creído, tradicionalmente, que las necesidades humanas tienden a ser infinitas; que cambian constantemente, que varían de una cultura a otra y que son diferentes en cada período histórico. Nos parece que tales suposiciones son incorrectas, ya que son producto de un error conceptual. El típico yerro que se comete en los análisis acerca de las necesidades humanas es que no se explica la diferencia esencial entre las que son propiamente necesidades y los satisfactores de ellas”.

“Es indispensable hacer una distinción entre ambos conceptos por motivos tanto epistemológicos como metodológicos. Las necesidades humanas pueden dividirse conforme a múltiples criterios, y las ciencias humanas ofrecen en este sentido una vasta y variada literatura. Nosotros combinaremos aquí dos criterios posibles de división: según categorías existenciales y según categorías axiológicas. Esta combinación permite reconocer, por una parte, las necesidades de Ser, Tener, Hacer y Estar; y, por la otra, las necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad.

Cualquier necesidad humana fundamental que no es adecuadamente satisfecha revela una pobreza humana. El concepto tradicional de pobreza es muy limitado, ya que se refiere exclusivamente a la situación de aquellas personas que se hallan por debajo de un determinado nivel de ingreso. La noción es estrictamente economicista. Sugerimos no hablar de pobreza, sino de pobrezas. Por ejemplo, hay una pobreza de Protección (debido a sistemas de salud ineficientes, a la violencia, la carrera armamentista) , etc. Pero las pobrezas no son sólo pobrezas, son mucho más que eso. Cada pobreza genera patologías, altera la salud, toda vez que rebasa, por su intensidad o duración, ciertos límites críticos. Según la Organización Mundial de la Salud (5), sería el completo estado de bienestar, físico, mental y social, que permite al individuo relacionarse con el medio. Así la salud no es solo la ausencia de afecciones y de enfermedades como antiguamente se creía. Hoy en día se intenta que sea un derecho humano fundamental, una meta social a alcanzar, cuya responsabilidad debe ser asumida por los individuos, obligando a los políticos a realizar una política de promoción de la salud.

La definición de salud de la O.M.S. es demasiado teórica y estática. O se posee salud o se carece de ella. Por esto, hay quienes definen a la salud de una forma continua, graduándola en muerte, perdida de salud, zona recta, salud positiva y óptimo de salud. Éste último estado dependería de las diferentes condiciones del entorno del individuo y siguiendo este análisis, el objetivo que deberían adoptar las distintas sociedades sería la de permanecer en la zona recta donde la salud permite al individuo realizar sus actividades según su estado fisiológico y participar de las actividades propias de la comunidad”.

Una Ecología de la mente

Estar sano es ser feliz, (6) señalé hace unos años ante representantes de la O.M.S que visitaron mi provincia. La salud ha quedado bien demostrado que no se mide por la ausencia de las enfermedades. La salud es un perfecto ecosistema en el que intervienen variables bien definidas. Para nosotros la medición de esas variables se determinan por las condiciones materiales de existencia, la relación armoniosa del sujeto para consigo mismo y su vinculación con los demás miembros de la especie. Pichón sentenció: “El sujeto es sano en tanto aprehende la realidad en una perspectiva integradora, y tiene capacidad para transformar esa realidad, transformándose a la vez el mismo. El humano es un ser de necesidades que sólo se satisfacen socialmente, en relaciones que lo determinan”. (7)

Ninguna de estas tres columnas puede faltar, y su continua interacción dialéctica, permite el desarrollo sostenido de la humanidad, a diferencia del resto de las especies, donde no entran a jugar las construcciones culturales sino el instinto y la herencia genética. Si cerramos más el círculo y lo remitimos a los estados mentales, sería incongruente colisionar con el enunciado Pichoniano cuando afirma que toda psicología es social. Consecuentemente y en paralelo con Murray Boochin, aseguramos que toda ecología es social. Enfatizamos, por consiguiente, que la sociedad capitalista promueve y profundiza la enfermedad en el planeta. Y no puede ser de otra manera, toda vez que si nos remitimos a la historia, no hay evidencia que en las primeras comunidades, la depresión, por citar un emblema, haya estado presente. Por otra parte, el estrés, que es natural en los animales como elemento fundamental para el estado de alerta, se ha convertido en una de las graves dolencias a escala mundial.

Pero el estrés y la depresión están sujetos, indefectiblemente, a las condiciones de vida que rodean al sujeto. Existen en la actualidad pequeñas comunidades longevas en Eurasia que consumen alcohol, grasas saturadas, tabaco, etc., con una tasa de mortalidad oscilando en los 90 años (casi un 20 % por encima de la media promedio de los denominados países del primer mundo), en donde la contaminación social burguesa no ha encontrado posibilidad de ingreso. No hay una medicina honesta hoy en día que no atribuya – fundamentalmente – a los estados de ánimo, como al caldo de cultivo para la mayoría de las patologías existentes. No obstante, es imposible separar de este contexto la materialidad de las cosas que coadyuvan para profundizar la crisis. Es oportuno rescatar el diálogo entre Pichón Riviere y Zito Lema (8), cuando acuerdan que no es lo mismo la familia en un país industrializado a uno dependiente. Si la familia es la estructura social básica y la enfermedad mental es una crisis que se configura en ese grupo, no es difícil asociar a la desigualdad social como desencadenante. Las relaciones son dialécticas, están en interacción con el medio. Esto es ecología social y ya Pichón daba cuenta de esto.

El hambre, las enfermedades evitables, la riqueza acaparada en manos de unos pocos, la impunidad a que son sometidos millones de seres en todo el mundo por esta misma situación, las condiciones de trabajo alienado, vida aglomerada en las grandes ciudades, falta de espacios verdes, insuficiencia de tiempos para el ocio y la recreación, ausencia de posibilidades de estudio y logros intelectuales como creativos, son violaciones sistemáticas de los derechos humanos.

Reformulamos el histórico axioma biologista: nacer, crecer, reproducirse y morir, por.. “nacer por elección voluntaria de padres, crecer en el ámbito de un hogar feliz y una sociedad igualitaria, reproducirse y desarrollarse en el marco de las posibilidades materiales y afectivas que solo brinda la justa distribución de la riqueza y el ambiente perdurable, y morir dignamente rodeado por los afectos a entubado en la cama triste y solitaria de un hospital”.

Lo actual -esta agonía diaria – determina una alteración psico-física, por la cual, estamos atravesados y sujetos, promoviendo de este modo, un círculo perverso que nos remite a un estado primitivo de animalidad y barbarie, donde la constante es resistir para no ser comidos; resistencia que es patrimonio de unos pocos que pueden elevarse por su propia alienación, y comprender el origen de la causa.

Hasta hace unos años, el infarto era patrimonio casi exclusivo de los hombres. Las mujeres, por su propia conformación fisiológica tienen un anti estresante natural: los estrógenos. De un tiempo atrás para adelante, esto pareciera no alcanzar y también son ellas las víctimas de esta afección como causa de mortalidad. En Neuquén y supongo que será mucho más grave en el resto del país dado que los salarios son considerablemente menores, las maestras vienen atravesando severas crisis mentales por la tensión que conlleva recibir la carga emocional de una contención social hacia los estudiantes; tarea que no les es propia y que corresponde al Estado asumirla .Un estudio de este año realizado por la Fundación para la Cultura del maestro Mexicano arroja información más clarificante.

“La demora en el planteo de las enfermedades del trabajo docente, es porque en su mayoría son de salud mental: son más difíciles de aceptar tanto por el maestro como socialmente. La resistencia descalifica al enfermo y éste teme mostrarla y demandar atención como derecho. Las alteraciones neuróticas y de la voz ocupan el primer lugar. En este sentido Freud señaló: <“El ser humano cae en la neurosis por no soportar el grado de frustración que le impone la sociedad en aras de sus ideales de cultura>. El docente debe canalizar su ansiedad y angustia positivamente, de lo contrario puede caer en diversas adicciones como evasión y descarga de tensión. La violencia expresada en la actividad sexual, social, política o deportiva, ya sea como promotor o víctima, es una forma de descarga observada en docentes con conflictos vitales y/o laborales. En salud mental la fatiga residual se manifiesta casi siempre en formas depresivas. Comienza a abandonarse en su arreglo personal y descuida el cuidado de sus cosas, la casa, la ropa. Se vuelve apático y desinteresado, se aísla y reduce su actividad social y sexual. Solo desea descansar, dormir y relajarse… y no lo logra. A veces recurre a la automedicación con antidepresivos y/o ansiolíticos. Se le agrega a la fatiga, la adicción a los psicofármacos o a otras drogas para llegar al alivio por medio de la evasión. En estas condiciones la producción intelectual del docente es casi nula y el cuadro depresivo se combina a veces con excitación y agresividad. Comienzan las discusiones laborales y familiares que incrementan su aislamiento. Olvidos. Distracciones” .

Me pregunto si es necesario describir la situación del resto de los trabajadores y de los desocupados. En este congreso, hay profesionales con mucha mayor capacidad y formación como para que yo profundice sobre el tema. Pero no es descabellado adentrarnos en la asociación directa que hay entre la materialidad de las cosas y el estado de bienestar psico-físico. Y necesariamente debemos hablar del perfecto equilibrio que se da en un ecosistema.

Supongamos que haya una finalidad. ¿Cuál sería el fin último en la vida de los seres humanos? Algunos podrán decir la perpetuidad. Yo agregaría que perpetuidad sin placer es vivir muriendo día a día. El placer de vivir justifica la existencia. Si el pueblo disfrutara plenamente, y el placer reinara en todo lo cotidiano, no serían necesarios dioses, ni el deseo de perpetuidad, ni la contracción al trabajo alienado. No es muy difícil comprender entonces, porque la iglesia católica desde sus inicios, combate y reprime al placer como instrumento de control ideológico.

Pero si no hay finalidad, sino intencionalidad, no creo que conformarnos con no sufrir sea suficiente. Este planeta es hermoso. Basta mirarlo desde el espacio exterior para que nos conmueva su imagen azulada vagando a través del cosmos. Desde lo matemático, su redondez configura una línea de puntos infinita y permanente. Átomos que danzan por las fuerzas opuestas en forma constante. No hay líneas rectas, ni segmentos, ni nada que obstaculice el proceso circular desde el Big Bang (9) para adelante. Hay belleza en una roca, en el arroyo perdido en la montaña, en la fragilidad dialéctica de una mariposa que antes fue gusano. Y se nos hace muy difícil asociar lo bello y el placer que ello conlleva, a solo resistir la angustia y el dolor. Belleza y placer deben, irremediablemente, conducir a un estado de bienestar. ¿Amar produce a veces sufrimiento? ¡Claro que sí! Pero quien quisiera la existencia sin esa “neurosis” excitante y vital. ¿Es lo mismo padecer por amor que por hambre?

Si el planeta es hermoso, ¿no sería un enorme desperdicio que las inmensas fuerzas materiales y espirituales desarrolladas por la humanidad sigan en manos de los depredadores capitalistas? Como dijeron hace más de un siglo atrás Marx y Engels: “….de lo que se trata no es de entender al mundo sino de transformarlo” . (10)

Y en este devenir, es posible que en el sistema sin jerarquías ni clases sociales, que irremediablemente deberemos construir hacia el logro de una sociedad justa e igualitaria, podamos volver a la naturaleza, sin desechar la computadora o la televisión, desde una tecnología con rostro humano, para intentar reconstruir la felicidad que a lo mejor en tiempos remotos, los humanos supimos tener.

GLOSARIO
a) mutagénico: mutar, cambiar. (b) teratogénico: anomalías, deformaciones; c) holista: global, total; d) Big Bang: teoría científica acerca del surgimiento del cosmos

BIBLIOGRAFIA
1) Sigmund Freud- Obras Completas – Amorrortu – 1998
2) James Lovelock – Atlas Gaia de la Gestión del Planeta – Blume.1987
3) Sigmund Freud – Obras Completas – Ammorrotu – 1998
4) Manfred MAX-NEEF, M. et al. (1986). Desarrollo a escala humana: Una opción para el futuro. Development- Dialogue, Nº. Especial; 9-93.
5) O.M.S – documentos varios.
6) Antonio Miglianelli – Ecología y Salud – Ministerio de Salud de la Provincia del Neuquén – 1991
7) Vicente Zito Lema: Conversaciones con Enrique Pichón Riviere – Ediciones 5 – 1998
8) Vicente Zito Lema: Conversaciones con Enrique Pichón Riviere – Ediciones 5 – 1998
9) Big Bang . Teoría científica acerca de la creación del universo
10) Marx y Engels-Fuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana -Moscú – Edit. Progreso-1980.la

El presente trabajo se ha realizado con la colaboración de la Medica Veterinaria Gabriela Dono; Profesora, Marina González y Profesor Marcelo Lafón.

* Antonio Miglianelli, Ecólogo Social.

Fuente: Ecoportal

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