Ese tal vivir bien

En la era del libre mercado, la felicidad llegó a considerarse una ridiculez.


Katherine Fernández *

Hace tan sólo medio siglo nadie hubiera imaginado que estaríamos discutiendo con tanta prioridad en la agenda mundial un concepto tan elemental como el vivir bien hasta el punto de parecer que estamos cayendo en el absurdo de la obviedad.

Pero el vivir bien se plantea como una recuperación de emergencia frente al colapso climático planetario que estamos atravesando. Cuando las Naciones Unidas determinaron que los causantes son el libre mercado, la libre industria y el consumo acelerado del primermundismo, se empezó a reflexionar sobre la alternativa, qué elección tenemos. Ahí es que surgió este vivir bien de la cosmovisión extinta de los pueblos predominantemente rurales que se relacionaron de manera natural con la tierra, la selva, los animales, el agua ya sea por la agricultura, la recolección, la pesca o la convivencia.

El daño más significativo que nos hemos hecho siempre los seres humanos es pensar que somos el centro del mundo, a esto se llama antropocentrismo, pensar el mundo a partir de la humanidad. A pesar de que alguna vez existió el vivir bien, en ninguna parte del mundo pudimos frenar el avasallamiento de los espacios de vida, desplazando siempre a las otras especies, cuando no depredándolas y no necesariamente para cubrir requerimientos humanos básicos, sino principalmente para expandir el dominio, ya sea sobre otros grupos sociales o sobre territorios.

El punto de partida de la ciencia sociológica, antropológica o filosófica para estudiar del accionar humano supone una integralidad entre lo social, lo económico y lo político, solo que en esta trilogía analítica siempre hemos olvidado las relaciones más elementales, es decir, la humanidad con respecto a su contexto vital (1). Más allá de que el modelo económico oficial es el neoliberalismo, la planificación de nuestras vidas, no solo la que está a cargo de los gobiernos, sino la proyección misma de cada persona, está orientada priorizando las relaciones sociales cruzadas por lo político y lo económico, pero nunca son razonadas siguiendo la conexión natural con el entorno que implica un sistema de acciones interdependientes donde cada persona igual que los demás seres vivos, tiene un rol. Estamos criados en el individualismo por eso no somos conscientes de que todas nuestras acciones afectan al contexto vital en una relación tan íntima que hasta lo que una persona elige para comer nos afecta a todos los demás, favorable o desfavorablemente, por lo tanto nadie puede simplemente decidir vivir su vida (2) sin que haya un impacto sobre la vida de los otros seres vivos (3).

Si tomamos en cuenta que algunos de los principios fundamentales que se identifican en el vivir bien son la armonía, la complementariedad y la reciprocidad (4), que establecen las relaciones más básicas, podemos entender los roles que todos cumplimos en ellas, solo que están quebradas porque se han quebrado los tres principios: no vivimos en armonía con la naturaleza porque nos aprovechamos de ella ya que la entendemos como materia prima, en lugar de buscar complementariedad nos preparamos desde niños para la competencia (5) y en la reciprocidad no nos preocupa devolver lo bueno que recibimos con algo bueno, pero sí nos apuramos en devolver lo malo incluso al doble (6), porque nos educamos para la defensa o el ataque, antes que para la convivencia (7).

Así el vivir bien planteado como una forma de vida, es alcanzar bienestar para uno y en la misma medida para los demás, si el otro está mal no puedo considerar que yo vivo bien. Además si esta relación se extiende al contexto vital, no podemos considerar que vivimos bien a costa de especies en extinción, industria que seca glaciares, selva que se incendia para ampliar monocultivos o carreteras que se construyen aplastando hábitats ajenos (8). Ahora bien, esto es fácil analizar sobre las personas, pero si hacemos el esfuerzo de pensar a nivel de países, la relación tiene que ser la misma, así del vivir bien es posible construir un modelo económico, una tarea en la que nos encontramos ahora, ya hay algunas fórmulas planteadas aunque tímidamente (9), el siguiente paso será perder el miedo a la hegemonía y ejercitarlas. Así ningún gobierno puede seguir calificándose como revolucionario o soberano si no ejercita un modelo económico opuesto al libre mercado y de respeto a la naturaleza, mucho menos entonces un país puede hablar de vivir bien en su Constitución Política del Estado, cuando en la práctica profundiza los negocios hídricos, mineros y petroleros (10).

Cuando entendamos qué significa vivir bien, cuestionaremos nuestra forma de vida actual, nuestros roles personales y colectivos y entenderemos por qué el planeta se está muriendo y por qué el vivir bien es una alternativa consistente para salvarlo.

Si en un primer momento el vivir bien fue un pensamiento rescatado de la extinción, ahora puede también asimilarse en nuestra cotidianidad con rasgos propios de este siglo y sobre todo, volverse aplicable en las ciudades, en las grandes urbes concentradas de millones de personas que vaciaron el campo y hoy se aferran al suelo de asfalto, a los bloques de cemento, a la pared de ladrillo, al agua por cañerías y a las bolsas de plástico, bajo la mentalidad de sobrevivencia que ha olvidado la felicidad plena como fin en la vida. Aquí es donde debe construirse el vivir bien, buscando la manera de acercarse de nuevo a la tierra limpia, a la comida digna, al tiempo libre y al árbol húmedo, sin miedo de perder, ya que solo ganaríamos.

Salvará al planeta cuando entendamos qué significa.

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NOTAS:
(1) El contexto vital es el medio ambiente, solo que todavía este término se encuentra concebido como la naturaleza, en el sentido de zonas distintas de las urbes citadinas, aún nos hace falta construir esa figura mental donde el medio ambiente es todo lo que nos rodea pero nosotros los seres humanos no estamos en el centro, sino que somos apenas un pequeño elemento de ese complejo vital interdependiente.
(2) Por ese mismo motivo, muchas libertades terminan siendo relativas no por sometimiento de regímenes humanos, sino por la interdependencia con todos los seres vivos-actores de la naturaleza.
(3) Según Adán Pari, Pedro Pinto, Javier Hurtado o los investigadores del CECASEM, para las culturas antiguas como aymaras y quechuas, el aire, el agua, el sol o la tierra son seres vivos que además dan vida a los demás, por lo cual son también deidades denominadas Madre Tierra (Pachamama), Padre Sol (Tata Inti), etc.
(4) Según Fernando Huanacuni, Simón Yampara, Raúl Prada y otros investigadores de las culturas indígenas.
(5) Competencia, defensa y aprovechamiento de la naturaleza como materia prima (desconociéndola como ser vivo), son exactamente los principios que se pueden identificar en el modelo económico de libre mercado.
(6) Por eso siempre tenemos una parte del planeta en guerra, porque la guerra vende más que la paz.
(7) En países que hace décadas viven en situación de paz, las escuelas militares de formación para la guerra, siguen siendo una opción para los jóvenes y los sueldos y otros beneficios para los militares significan un grueso del presupuesto nacional que se renueva cada año bajo la mentalidad de que hay que tener reserva militar por si acaso. Aunque entre las ironías de la historia tenemos que la guerra mejor ganada por el imperio no ha necesitado armas de fuego, sino solo medios de comunicación, cine y entretenimiento, como lo describen en varias obras los Mattelard.
(8) Y para quienes dicen que vivir bien es negar el desarrollo, pues no es así, no se discute que la ciencia ha dado productos invaluables, el problema es someter la ciencia a la lógica del mercado neoliberal, es ahí donde la ciencia ya no existe para el apoyo a la humanidad sino para el servicio a intereses privados transnacionales.
(9) Fórmulas como la economía comunitaria que tiene más valores de cambio que solo el dinero, como tiempo, trabajo, habilidades, propiedad común no privada, transacciones sin moneda sino producto por producto, es decir el trueque, el pasanaco o rotación de ahorro y préstamo de bienes de consumo o dinero, etc. Este modelo de economía exige desarrollar alta capacidad organizativa, lo cual estimula las relaciones sociales. Se denomina también economía local, pero es posible desarrollar una macroeconomía bajo el modelo comunitario. Entre los sistematizadores de estas formas económicas están Félix Patzy en Bolivia o Josia Warren en Estados Unidos. Otra forma económica que, aunque surgida en tiempo de libre mercado, se acomoda a la lógica del vivir bien, es el comercio justo.
(10) Caso específico de Ecuador y Bolivia, que estrenaron CPE en el 2008 incorporando el vivir bien como fundamento, pero que aprueban leyes y decretos que la violan, favoreciendo intereses privados extranjeros.

* Katherine Fernández. Asociación Inti Illimani – Energía solar para la alimentación (La Paz, Bolivia).

Fuente: Rebelión

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