Cultura de paz a través del cine

Sonia Herrera *

El cine no sólo nos presenta a seres de carne y hueso, sino a los sueños de esos seres también convertidos en carne y hueso. En este sentido, el cine alcanza ese punto del espíritu donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo, dejan de percibirse contradictoriamente. (André Bretón)

Los medios de comunicación en general, y el cine en particular como uno de los principales elementos de socialización, tienen una doble potencialidad que los convierten en una eficaz herramienta para la educación en valores y el fomento de la cultura de paz: por un lado, el cine refleja la sociedad que le rodea en cada momento histórico y, a su vez, colabora en la conformación de nuevos modelos, valores e ideologías.

En esta misma línea Manuela Castro Santiago (2006) define el cine “como un reflejo indirecto del conjunto de situaciones, aspiraciones, creencias, deseos, costumbres, modas, conflictos y hábitos que se manifiestan en cada época histórica. Pero también es un elemento “configurador” de un determinado orden moral, político y social en un contexto histórico concreto”.

Asimismo, en su obra Aprender con el cine, aprender de película. Una visión didáctica para aprender e investigar con el cine, Martínez Salanova (2002) afirma que “el cine es un instrumento de comunicación de masas porque llega a todo el mundo y de comunicación social porque nos ayuda a conocer mejor nuestro entorno” y que no basta con ver una película, sino que es necesario “analizarla con ojos críticos con el fin de sacarle todo el partido posible, para comprenderla mejor y valorar el cine como contador de historias, como transmisor de valores, y como portador de arte y de conocimientos”.

No cabe duda, pues, de que el cine es un atractivo y poderoso instrumento de aprendizaje que potencia la lectura crítica de la realidad y de los conflictos que nos rodean, ya sean de carácter bélico, laboral, personal, de convivencia intercultural, o de cualquier otra índole. De esa lectura crítica, en resulta, se desprenderá el acercamiento a las causas y consecuencias de dicho conflicto, a nuevas perspectivas sobre el mismo, y a sus posibles vías de resolución, así como el desarrollo de conductas como el respeto, la empatía o la tolerancia hacia los diferentes agentes involucrados en el mismo.

¿Pero qué es la cultura de paz?

La paz es mucho más que una toma de postura: es una auténtica revolución, un modo de vivir, un modo de habitar el planeta, un modo de ser persona. (María Zambrano)

El derecho humano a la paz se sustenta en el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales. La paz va mucho más allá de la ausencia de guerras y conflictos armados y no es necesario que estos existan para trabajar contra las injusticias y el sufrimiento que estos generan, contribuyendo así a la construcción de un mundo mejor, libre de violencia y desigualdades.

Según la Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autònoma de Barcelona, la cultura de paz se define como el “conjunto de valores, actitudes y comportamientos que reflejan el respeto a la vida, al ser humano y su dignidad. La cultura de paz pone en primer plano los derechos humanos, el rechazo a la violencia en todas sus formas y la adhesión a los principios de libertad, justicia, solidaridad y tolerancia, así como la comprensión entre los pueblos, los colectivos y las personas”.

Apostando por un cine por la paz

El cine por la paz y los derechos humanos despierta interés y nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre los conflictos, así como “conocer ciertos aspectos de la realidad que, quizá por lejanía o por exclusión, difícilmente salen a la luz”, tal como pone de manifiesto el Movimiento por la Paz -MPDL- mediante su Ciclo de Cine por la Paz. Son muchas las organizaciones y entidades que en los últimos años se han ido sumando a esta acción contra los conflictos y contra todo forma de agresión y violencia, dando lugar a distintas redes, festivales, ciclos y muestras como el Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos, el Festival de Cine y Derechos Humanos de Barcelona/París/NYC, la Red de Festivales Internacionales de Cine, Paz y Derechos Humanos, la Human Rights Film Festival Network o la Red de Cine Social y Derechos Humanos de América Latina y el Caribe, entre otros.

Son muchos los títulos que se pueden recomendar y que han sido incluidos en algunos de esos festivales. Sobre los desastres y el absurdo de la guerra, se pueden citar películas como: Senderos de gloria, La delgada línea roja, En tierra de nadie, Diamantes de sangre, En el valle de Elah, Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo Jima, Fahrenheit 9/11, Apocalypse now, Las trece rosas, Tierra y libertad o Las flores de Harrison. Por otra parte Salvador, La verdad de Soraya M., Pena de muerte, La vida de David Gale, Camino a Guantánamo, Cadena perpetua, El viento que agita la cebada, La noche de los lápices, El violín, La buena nueva, Hotel Rwanda, El gran dictador, La vida es bella, La Misión, El niño con el pijama de rayas, El pianista, Sophie Scholl: Los últimos días, Grbavica, Osama, Agua, Kandahar, Te doy mis ojos, Promises, American History X, Huracán Carter o Adiós Bafana, Son algunos de los filmes que abordan otros tipos de violencia como la pena de muerte, la tortura, las desapariciones forzosas, la violencia machista en cualquiera de sus manifestaciones, los genocidios o los conflictos interculturales.

Llegados a este punto cabe añadir que para colaborar en la construcción de la paz debemos saber interrogar adecuadamente a los filmes que se nos presentan de forma que podamos pasar de ser meros/as espectadores/as a ser activistas críticos/as que sean capaces de promover nuevas percepciones del mundo y de imaginar formas alternativas de resolución de conflictos para proyectar un futuro en paz.

* Sonia Herrera, Licenciada en Comunicación Audiovisual y especialista en comunicación educativa, cine, periodismo y conflictos armados e igualdad de género (España).

Fuente: United Explanations

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