El cambio climático y su juicio moral


Stephen Rooney

“El cambio climático no es capaz de generar fuertes intuiciones morales, no motiva una necesidad urgente de actuar, de la misma forma que lo logran otros imperativos morales”.

Si bien existe un consenso entre la comunidad científica sobre la veracidad y la rápida expansión del cambio climático de origen antropogénico, y sobre la necesidad de tomar medidas urgentes para mitigar sus efectos, la opinión pública en general se puede caracterizar por su apatía en este tema.

En pocas palabras, el cambio climático no genera un sentido de urgencia, ni motiva a la acción, tal y como lo hacen otros imperativos morales. La pregunta sería: ¿este fenómeno se puede atribuir a la forma en que se comunica el mensaje sobre el cambio climático para los profanos, o hay una razón psicológica, más profunda, detrás de esta apatía?

En un artículo titulado “Climate change and moral judgement” (“Cambio climático y juicio moral”) publicado en la revista Nature Climate Change (tomo 2, abril de 2012), los autores Ezra Markowitz y Azim Shariff desde el Departamento de Psicología de la Universidad de Oregón examinan seis razones por las cuales el cambio climático “plantea retos importantes para nuestro sistema de juicio moral”, y describen posteriormente seis estrategias que los comunicadores pueden utilizar para hacer frente a estos retos.

El artículo reconoce explícitamente que los desafíos identificados, y las estrategias propuestas para luchar contra ellos, no constituyen una lista exhaustiva pero, al menos, pone de relieve la naturaleza abstracta, probabilística e intangible del cambio climático, que hace que se amortigüen las reacciones emocionales a la información que recibimos sobre este tema y no sea capaz de “activar nuestras intuiciones morales”.

Sucintamente, las seis razones señaladas en el artículo sobre por qué el cambio climático plantea retos importantes para nuestro sistema de juicio moral son los siguientes:

1. Abstracción y complejidad cognitiva
El cambio climático “posee pocas características que generen reacciones emocionales rápidas y viscerales: se trata de un fenómeno abstracto, diferido en el tiempo y en el espacio que consiste en muchos eventos diferentes, dispares y aparentemente incongruentes”. Comprender el cambio climático “requiere un razonamiento moral frío, cognitivamente exigente, poco motivador” y, por desgracia, a menudo adoptamos el camino de menos resistencia a la hora de informar de nuestra visión del mundo a través del análisis cognitivo/intelectual. Los temas de los que nos sentimos más apasionados tienden a venir del corazón y no de la cabeza.

2. La inocencia de la acción sin intención
La mayoría de las personas ve el cambio climático como una externalidad o un lamentable efecto secundario al producir la energía necesaria para “proporcionarnos las dependencias de la vida moderna”. La intención juega un papel clave para determinar si uno reacciona o no a una externalidad negativa, y dado que muchos ven el cambio climático como un “fenómeno involuntario sin villano”, puede disminuir la motivación para actuar.

3. Sesgo culpable
Las personas, instintivamente, reaccionan de una manera defensiva cuando se les acusa de causar un resultado negativo. Por otra parte, éstas “a menudo se involucran en procesos cognitivos sesgados para minimizar la percepción de su propia complicidad”.

4. La incertidumbre genera ilusión
La gente es demasiado optimista ante una evidencia que no es totalmente incontrovertible. En efecto, “la incertidumbre sobre acontecimientos futuros generalmente aumenta comportamientos interesados y… promueve sesgos optimistas”.

5. Tribalismo moral
El cambio climático se ha politizado, con los progresistas poniendo el énfasis en los valores individuales de daño y de justicia, mientras que los conservadores enfatizan la protección de los valores del grupo como la lealtad, el respeto a la autoridad y la pureza/santidad; la comunicación del cambio climático ha demostrado que divide políticamente. Como resultado de este enfoque, muchos conservadores “han quedado no sólo no involucrados para actuar frente al cambio climático, sino moralmente hostiles a él”.

6. Horizontes de largo plazo y lugares distantes
Es poco probable considerar a las víctimas del cambio climático como miembros del grupo de pertenencia, y las personas se sienten poco obligadas moralmente a actuar en su protección. El hecho de que las “víctimas” del cambio climático se consideren lejanas, ya sea en el espacio o el tiempo, tiene la consecuencia de que estas “víctimas” son considerados como miembros de un grupo ajeno.

Teniendo en cuenta esos seis desafíos, la pregunta que surge es ¿qué se puede hacer para reforzar la percepción de la gente sobre el cambio climático como una cuestión moral y promover una “respuesta paliativa fruto de una obligación moral?”. Los autores sugieren seis estrategias interrelacionadas que podrían ser utilizadas por los comunicadores para presentar la actuación frente al cambio climático como un imperativo moral. Estas seis estrategias son las siguientes:

1. Usar los valores morales compartidos
Al enmarcar el cambio climático en la corriente principal de los valores tradicionalmente compartidos se proporcionan “diversas vías por las que las personas de procedencias muy diferentes… pueden llegar a una convicción compartida sobre la necesidad de actuar”.

2. Cargas contra beneficios
Centrarse en los costos de no mitigar el cambio climático más que en el enfoque sobre los beneficios de la mitigación para las futuras generaciones supone para las personas una fuerte motivación para actuar.

3. Motivaciones emocionales, no castigos
Motivar a través de apelaciones a la esperanza, el orgullo y la gratitud en lugar de las emociones negativas de culpa, vergüenza y ansiedad es mucho más eficaz. Incluso se ha demostrado que el comportamiento pro-social resultante de una apelación a las emociones positivas “conduce a un aumento en el bienestar subjetivo”. En resumen, uno se siente bien haciendo el bien.

4. Cuidado con los motivadores extrínsecos
Promover “negocios verdes” como económicamente buenos puede parecer una estrategia eficaz, pero hay una tensión entre el materialismo y el ecologismo cuando los incentivos económicos se emplean como un motivador para la acción.

5. Ampliar la identidad del grupo
Efectivamente, esta estrategia es aumentar el sentido de la unidad y la conexión entre las personas, especialmente con las antes mencionadas “víctimas” del cambio climático que están separadas de nosotros espacial y temporalmente.

6. Resaltar normas sociales positivas
Esta estrategia tiene como objetivo orientar la necesidad de un individuo de ser aprobado y aceptado por los demás, y tiene como fin explotar la capacidad de un individuo de ser influido por el comportamiento de los que se consideran más importantes o con más prestigio.

Aunque puede ser fácil criticar las seis recetas proporcionadas por los autores —que, aunque interesantes, sin duda, carecen de cierta profundidad—, plantean algunas cuestiones importantes tales como considerar la vinculación entre el cambio climático percibido como un imperativo moral y la ejecución de acciones proactivas.

Así en la estrategia de utilizar los valores morales existentes, se destaca el importante papel que desempeñan las instituciones religiosas en el aumento de la relevancia de la cuestión del cambio climático, y se menciona la importancia de infundir un sentido de deber actuar apelando a la “responsabilidad sobre la creación”, algo que no puede ser subestimado.

Pasar de imbuir un sentido del deber a realmente motivar para la acción, sí es algo que la Iglesia promueve y ésa es la pregunta, precisamente, con la que los autores finalizan su artículo: “Comprender cómo conectar el tema, muy global y abstracto, del cambio climático con nuestras intuiciones morales y humanas, que son fundamentalmente locales, puede jugar un papel fundamental, primero, moviendo nuestros corazones y, luego, nuestras manos para actuar”.

Fuente: Ecojesuit

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