El maíz es un alimento, no gasolina para coches

Naciones Unidas exigen fin de agrocombustibles

“El contexto de la dramática advertencia son los precios de los alimentos básicos que en los últimos meses han aumentado rápidamente en los mercados. Pronto estos aumentos se notarán en los precios al consumidor. La alimentación especialmente de los más pobres está amenazada. Una catástrofe de hambre y revueltas violentas podrían ser la consecuencia”.

El director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación FAO, José Graziano da Silva, sostuvo al fin de la pasada semana que el gobierno de los Estados Unidos debe detener inmediatamente la producción de biocombustible. Esto significaría un respiro para los mercados agrícolas y permitiría disponer del maíz como alimento y pienso, dijo el director de la FAO. En los Estados Unidos, la mitad de la cosecha de maíz se utiliza para la producción de etanol como sustituto de la gasolina.

El contexto de la dramática advertencia son los precios de los alimentos básicos que en los últimos meses han aumentado rápidamente en los mercados. Pronto estos aumentos se notarán en los precios al consumidor. La alimentación especialmente de los más pobres está amenazada. Una catástrofe de hambre y revueltas violentas podrían ser la consecuencia.

Se refuerzan las advertencias de los índices de los precios de los alimentos del mes de julio. Los precios aumentan en todo el mundo de tal manera, que amenaza una crisis grave:

“Potencialmente, estamos ante una situación como la de 2007/2008”, dijo la economista Abdolreza Abbassian durante la presentación de las estadísticas. En aquel momento, hubo revueltas por hambre que sacaron a la gente a las calles en muchos lugares alrededor del mundo.

También el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias IFPRI lo dijo claro el lunes con el comunicado de prensa “Respondiendo efectivamente a la sequía en los Estados Unidos puede prevenir otra crisis global de alimentos” (en inglés). Dirigiéndose al presidente de los estados unidos se lee: “detenga la producción de biocombustible de maíz”.

Participe en la protesta de Salva la Selva, que transmite el mismo mensaje “Presidente Obama: ¡no use comida como combustible!”

Los autos se tragan los alimentos de las personas

La mitad de la cosecha de maíz del mundo se produce en EEUU. Y de ésta, la mitad se destina a la producción de etanol para los automóviles. Los granos de maíz -y también cereales como el trigo-, se fermentan destilándose a continuación el alcohol. Convertido en agrocombustible, se mezcla con la gasolina convencional. Así muchos alimentos dejan de estar disponibles.

El gobierno norteamericano subvenciona un mercado artificial de agrocombustibles con millones de dinero de los contribuyentes y existen metas obligatorias (10%) de mezcla. Para cumplir esta obligación, este año deben producirse al menos 50 mil millones de litros de etanol.

La producción de etanol de maíz no tiene ningún beneficio ambiental. Por el contrario, los monocultivos industriales se expanden cada vez más contaminando suelos y aguas con pesticidas y fertilizantes. ¡Para producir un litro de etanol, se necesitan por término medio casi 600 litros del valioso elemento agua! Que el agrocombustible es dañino lo afirman también científicos y la ONU. La política de agrocombustibles de los EEUU y la Comunidad Europea eleva los precios de los alimentos y aumenta el número de hambrientos en el mundo. La persistente sequía en los EEUU y el maíz cada vez más escaso, sólo extreman esta situación -con consecuencias sociales catastróficas.

El actual estudio Agrocombustibles: Fogoneros del Hambre muestra esta situación con el ejemplo del país vecino. México importa un tercio de su demanda de maíz de los EEUU. En México, la tortilla de maíz es el alimento básico. Ya en 2008 protestaron por los precios prohibitivos que llegó a alcanzar.

Fuente: Salva la Selva

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Comer o no comer: ¿quién decide?

Silvia Ribeiro *

Como serpiente que se muerde la cola, el sistema alimentario industrial –que es el principal causante del cambio climático global– se sacude por las pérdidas de cosechas debido a intensas sequías en Estados Unidos. En algunas partes, aunque hay cosecha, no se puede usar porque por falta de lluvia las plantas no procesan los fertilizantes sintéticos y se vuelven tóxicas para el consumo. Todo está relacionado al mismo sistema industrial: semillas uniformes, sin biodiversidad, con agrotóxicos y fertilizantes sintéticos, con alto uso de transportes, energía y petróleo –por tanto gran emisor de gases de efecto invernadero– y controlado por trasnacionales.

En el caso del maíz, la escasez se exacerba porque 40 por ciento de la producción en Estados Unidos se destina a etanol, es decir, a alimentar autos en lugar de gente.

Al ser Estados Unidos uno de los principales exportadores mundiales de maíz, soya y trigo, junto al hecho de que 80 por ciento de la distribución global de cereales está en manos de cuatro multinacionales que gestionan el abasto para obtener más lucros, la baja de producción en ese país tiene efecto dominó sobre el mercado global, donde los precios de los alimentos están disparados. Además de los granos, suben los precios de aves, puercos y res, ya que más de 40 por ciento de la producción de cereales del mundo se usa como forraje para cría industrial confinada de animales. Otro absurdo del mismo sistema agroindustrial, ya que sería mucho más eficiente usar los cereales para alimentación humana y consumir menos carne, o que la cría fuera en pequeña escala con forrajes diversificados. La cría industrial confinada y masiva de animales es el origen, además, de epidemias como la gripe porcina y aviar, que a su vez generan escasez y aumento de precios, como hemos visto recientemente en México con el aumento de precio de los huevos por un brote de gripe aviar.

Los que más sufren por los aumentos de precios son los más pobres, principalmente los urbanos, que usan 60 por ciento de sus ingresos en alimentos.

Por el contrario, la veintena de transnacionales que controlan el sistema alimentario agroindustrial (de Monsanto a Wal Mart, pasando por Cargill, ADM, Nestlé y algunas más), las que controlan las semillas y pies de cría, los agrotóxicos, la compra, distribución y almacenamiento de granos (también para biocombustibles), los procesadores de carnes, alimentos y bebidas, así como los supermercados, son los responsables de las crisis, pero se hanblindadocontra sus efectos –trasladando las pérdidas a los productores chicos, a los consumidores y al gasto público. Para ellas, el caos climático y la escasez no significan pérdidas, sino aumento de ganancias, como sucede con las semillas, agrotóxicos y fertilizantes que se vuelven a vender, o las empresas que almacenan cereales, los acaparan y especulan vendiéndolos más caros, o los productos en supermercados, cuyo precio aumenta mucho más que la proporción al inicio de la cadena.

El caso del maíz en México es ilustrativo. Pese a que los agricultores del norte del país afirman tener 2 millones de toneladas para vender, recientemente se importaron 1.5 millones de toneladas de Estados Unidos (transgénico), y por otra parte venderá 150 mil toneladas a El Salvador y otra partida a Venezuela. Anteriormente había comprado medio millón de toneladas a Sudáfrica. Absurdo para el clima, por los transportes innecesarios, y brutal contra la producción nacional. Cuestionado, el Secretario de Economía, Bruno Ferrari (anteriormente funcionario de Monsanto), se lavó las manos, alegando que es una decisión de empresas privadas.

El trasfondo, como explica Ana de Ita, del Centro de Estudios para el Campo Mexicano (Ceccam), es que en el contexto de las políticas para liberalizar la producción agrícola nacional que precedieron a la firma del TLCAN, se desmanteló la paraestatal Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo), que equilibraba el comercio interno de maíz, entregando el mercado interno a las trasnacionales: empresas como Cargill, ADM, Corn Products International, junto a grandes porcícolas, avícolas y de procesamiento industrial de tortillas. Éstas compran a quien les convenga, sea porque es más barato o por otras razones, como comprar a agricultores con los que tienen contratos de producción en Estados Unidos.

Ese tipo de empresas –y sus ex funcionarios en el gobierno, como Ferrari– son las que afirman que hay que importar maíz, porque la producción nacional no es suficiente. Sin embargo, México ha producido en los últimos años alrededor de 22 millones de toneladas anuales, y el consumo humano es de unos 11 millones. Se usan en derivados industriales otros 4 millones de toneladas, restando aún 7 millones. Pero las empresas importan 8-9 millones de toneladas anuales adicionales, porque se usan 16 millones de toneladas de maíz en la cría industrial masiva de aves y cerdos –también de grandes empresas.

Si la cría fuera descentralizada y con forrajes diversos se tendría suficiente producción, sin epidemias y sin maíz transgénico de trasnacionales, con muchas más fuentes de trabajo rural. La importación de maíz a México no es necesaria, es sencillamente un negocio entre trasnacionales, condonado y subsidiado por el gobierno.

Si las políticas públicas protegieran la producción agrícola y pecuaria diversa y de pequeña escala, con semillas propias y públicas nacionales, se diversificarían los riesgos –incluso climáticos– y tendríamos producción alimentaria suficiente, accesible y de mucho mejor calidad.

* Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC

Fuente: La Jornada


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