La lucha contra las epidemias

Gripe aviaria, dengue, gripe porcina… ¿por qué aparecen estas enfermedades en el país y en el mundo? Hablan expertos en virología e infecciones. La relación con el cambio climático.

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Jimena Zoni

Cuando en los años cuarenta aparece el primer antibiótico, la penicilina, se creyó que las enfermedades infecciosas llegaban a su fin. Sin embargo, multiplicidad de factores sociales, económicos y ambientales hacen que la proliferación de enfermedades infecciosas siga siendo una preocupación mundial.

“El monocultivo o el uso de productos químicos para combatir pestes y que terminan exterminando a los depredadores son las causas de las epidemias”, explicó Adriana Giri, viróloga molecular e investigadora del Conicet. Para Damián Lerman, docente de Enfermedades Infecciosas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), enfermedades como hantavirus, fiebre hemorrágica argentina, leptospirosis, chagas y leishmaniasis también “son producto del cambio climático y de las modificaciones en los hábitos de la vida de los individuos, como las grandes migraciones, el hacinamiento, la falta de educación y de prevención”.

La relación entre el cambio climático y el aumento de enfermedades infecciosas, o su reaparición en zonas donde habían sido erradicadas, fue señalada por el profesor Sergio Rondinara, de la Universidad Gregoriana de Roma, en una entrevista de marzo de 2007. (N de la R: “En el caso del planeta, un solo grado más de temperatura tiene varios efectos: provoca el derretimiento de glaciares, lo cual amenaza las fuentes de agua potable para decenas de millones de personas. También provoca el regreso de enfermedades como la malaria en zonas donde había desaparecido”).

¿Por qué no hay vacunas? Para Alicia del Frade, docente de Enfemedades Infecciosas de la UNR, “los parásitos logran mutar para poder sobrevivir en el huésped –el mosquito en el caso del dengue–, reproducirse, alimentarse y escapar del sistema inmunológico. No hay vacunas en el mundo para ningún parásito; el paludismo o malaria tiene cien millones de enfermos en el mundo, especialmente en países pobres; en África es la tercera causa de muerte, después del hambre y del sida”. Por su parte, el hantavirus, la leptospirosis y la FHA son enfermedades relacionadas con un roedor rural que se está adaptando a las ciudades, cerca de los lugares de eliminación de residuos. Otro ejemplo es la influenza, que desde su aparición en 1918 ha mutado y recombinado pero que no es mortal, como sí lo es la gripe aviar.

¿Qué deben hacer los médicos? Giri afirma: “No hay que relativizar los casos, sino informarlos. La infectología es una disciplina que desestabiliza lo social, y a veces se discrimina”. “Hay enfermedades de las que ni se habla en las grandes urbes aunque estén muy presentes en ciertas zonas. Sucede con la parasitosis en el Norte, que produce lesiones en la piel y puede afectar órganos internos; y con la leishmaniasis en Misiones”, agrega Lerman.

Tal como señalara Rondinara en su momento, el cambio climático vino para quedarse. El tema a futuro será cómo organizarnos para enfrentarlo.

Fuente: Revista Ciudad Nueva

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